|
En el Bautismo..., Jesús..., asume conscientemente su
vocación y su destino... La vocación y el destino de la
solidaridad incondicional con todos los seres humanos...,
especialmente con los más pobres..., hasta dar la vida...
Y..., aunque la vocación de Jesús..., como la nuestra...,
es única e irrepetible..., nos descubre el sentido..., el
camino que..., cada uno de nosotros..., bautizados en el
mismo Espíritu..., hemos de recorrer...
Porque..., también nosotros..., hijos muy amados de
Dios..., hemos sido ungidos como pueblo de reyes..., de
sacerdotes..., de profetas...
¿Alguna vez te has parado a pensar qué grande es la
vocación a la que has sido llamada/o?...
Se nos convoca a vivir en libertad..., a levantar la
cabeza..., a ponernos de pie..., a no ser esclavos de
nada..., ni de nadie..., porque..., SOMOS REYES...
Se nos convoca a conocer el sentido de la historia..., a
desenmascarar la mentira de este mundo..., condenando la
discriminación que hace imposible la fraternidad...,
denunciando una religión que silencie la injusticia...,
que no sea la voz de los pobres... Se nos convoca a salir
en defensa del ser humano..., a anunciar la salvación de
Dios..., porque..., SOMOS PROFETAS...
Se nos convoca a entrar en comunión directa con Dios
mismo..., para ser testigos de su amor..., en nuestra
familia..., nuestra comunidad..., nuestro barrio...,
nuestro mundo..., viviendo para los demás..., porque...,
SOMOS SACERDOTES...
Es tu gran misión..., nuestra gran misión... Ser..., lo
que somos...
Vivir..., y ayudar a que otros vivan..., con la dignidad
de hijos de Dios..., es el camino de nuestra realización
personal...
Y..., no hay otro...
|