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Que pena ver a tantos cristianos que tienen miedo a
Dios...(¡!)
Para muchos..., Dios esta inseparable y exclusivamente
unido a la Ley que hay que cumplir..., "no sea que nos
castigue" (¡!)...
O a la moral..., que Él dictamina..., a su
antojo..., sobre nuestra vida..., esto está bien o mal...,
"porque lo dice Dios" (¡!)...
O a nuestros méritos o
deméritos..., que él revisará..., minuciosamente..., para
"dar a cada uno su merecido" (¡!)...
O al sacramento de la
penitencia..., en que el ministro..., como juez..., dicta
una sentencia (¡!)..., que es sellada por el mismo cielo...
O
con el terrible juicio final..., en el que pronunciará
sentencia de salvación o de condenación (¡!)...
Ante todo..., y sobre todo..., para muchos creyentes...,
Dios es Juez...
Un juez riguroso..., como ninguno...,
recto..., temible..., que nos vigila en cada momento...,
que no nos deja pasar ni una..., que...,
irremediablemente..., un día..., dictará sentencia
matemática..., irrevocable..., inapelable...
¡Que pena!...
Porque..., ese dios..., no existe..., es
fruto de tu imaginación..., o la de otros...
No es nuestro Dios..., porque NUESTRO DIOS..., ES AMOR...
Y el amor no juzga..., ni rechaza..., ni separa...
El amor
ama..., y pierde la cabeza por el ser querido..., y
entrega lo mejor de sí..., y se entrega..., sin
reservas..., y busca lo mejor para el otro..., nunca
condenar sino salvar..., y le comprende..., y le
perdona..., y confía en él..., y le ayuda a crecer y ser
feliz...
Dios no vino a nosotros para atemorizarnos..., sino para
proclamar un evangelio de confianza... Para que la
confianza en su amor sea como sangre de nuestras venas...
Respetando nuestra libertad..., Dios no puede hacer otra
cosa que amarnos desesperadamente..., como una llamada
incesante a vivir en el amor..., a cambiar..., tal vez...,
la dirección equivocada de nuestra vida...
Porque sólo el hombre que se cierra al amor se
destruye..., se juzga a sí mismo con su vida..., sólo
él decide su suerte...
Dios..., continuará amándote..., infinitamente..., hasta el
fin...
Así es nuestro Dios...
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