|
Es posible... Es posible que ya te hayan convencido de que
"eso de sentirnos llamados por Dios..., enviados a
Evangelizar..., es cuestión de curas y monjas... ¿Sabes?,
-dicen-..., ser cristiano es ser bueno..., rezar de vez en
cuando..., ir a misa... Pero..., ¿predicar el
Evangelio?..., ¡eso no es cosa nuestra!"...
Pero..., hoy..., también..., Jesús te llama a ti...
Mira: todo lo que descubrimos como bueno..., ideas...,
planes..., experiencias..., etc., todo aquello que nos
hace felices..., tendemos a manifestarlo a los otros..., a
gritarlo y compartirlo con los demás... ¿Por qué con
nuestra fe no nos sucede lo mismo? ¿Por qué..., si la fe
es un valor tan positivo..., tenemos tanto miedo a
afirmarlo ante los demás? ¿Por qué hoy es tan difícil
decir como dijo Isaías: Aquí estoy, Señor, mándame?...
Puede pasar que nos hayamos hecho un dios a nuestra
medida..., un dios blandengue..., que no me pide nada...,
una religión del "me apetece..., no me apetece"..., del
"hago esto porque me gusta"..., o "no hago aquello porque
no me gusta"... Un dios que ya no llama... Que está
ahí..., nos quiere..., nos consuela..., nos ayuda cuando
le pedimos..., pero..., ¡mejor que no nos comprometa a
nada..., que no se meta en MIS planes..., en MI vida!...
PERO..., ESE DIOS NO EXISTE..., NO ES EL DIOS DE JESÚS...
¿Sabes que el camino de la felicidad pasa por decir un SÍ
sin condiciones..., cada día de tu vida..., al proyecto de
Dios sobre ti?
En el Evangelio de hoy, Jesús se aleja con los suyos mar
adentro..., dejando en la orilla una multitud expectante
que le había seguido... Quiere tener unos momentos de paz
y de compañía cordial con los suyos... También contigo...
Quiere darte una de sus lecciones magistrales..., como las
muchas que ya dio entre los suyos... La vida es ese don
que si no se da..., se pierde... ¿Estas dispuesta/o?...
Jesús hoy mueve ficha... Apuesta..., por ti... Rema mar
adentro..., arriésgate..., echa las redes..., ten
confianza en mi..., te dice Jesús...
¿Puedes seguir pensando que Dios ya no llama..., que ya no
envía?... ¿No escuchas su llamada a seguir anunciando su
mensaje allí donde estés?...
Pues..., no te escaquees... ¿Vale?
Y..., dile con alegría y confianza: Aquí estoy...,
Señor..., envíame...
|