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Uno es el proyecto de Dios sobre la tierra y otro el
establecido..., organizado..., dirigido..., y
mantenido..., por la ambición de unos pocos...
Los planes de Dios no coinciden..., no pueden
coincidir...,con el "nuevo orden internacional" de los
poderosos...
El conflicto viene de lejos... Cuando los profetas...,
Jesús..., la Comunidad de sus discípulos..., o cualquier
hombre de buena voluntad..., presentan el proyecto de Dios
como una urgencia que HOY Y AQUÍ HAY QUE EMPEZAR A
REALIZAR..., siempre hay alguien que se irrita..., se pone
furioso..., y responde con la violencia... Esto ha pasado
siempre..., y hoy también...
"Lo empujaron fuera del pueblo, hasta un barranco..., con
la intención de despeñarlo"...
Anunciar hoy..., a los pobres..., la Buena Noticia de que
Dios los ama prioritariamente y que quiere para ellos la
dignidad de ser personas... Compartir el pan en lugar de
quitarlo... Ser servidor en una sociedad competitiva en la
que lo que se estima es ser servido... Llevar la carga del
otro en vez de aumentarla hasta aplastarlo... Luchar
contra un sistema que genera cada vez más pobres..., y más
sufrimiento..., irrita y provoca...
Hacer la paz..., incluso..., hablar de reconciliación o de
perdón..., en medio de la violencia..., desata la ira
implacable de los violentos... Abogar por el desarme en
medio del lucrativo negocio de la guerra..., es provocar
que te apunten con los cañones..., o que te tilden de
vendepatrias...
Despertar la conciencia crítica que ayude a otros a dejar
de ser "tontos útiles"..., y hasta enseñar a leer y
escribir..., es considerado subversión...
El Evangelio lo trastoca todo...: el interior del hombre y
el medio en el que el hombre vive...
Anunciar el Evangelio..., lo sabemos..., nos lo dijo
Jesús..., significa, siempre..., cargar con las
consecuencias..., con la Cruz...
Pero..., "no les tengas miedo..., no te podrán..., porque
yo estoy contigo"..., dice el Señor... Pues..., ya
sabes...
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