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¿Han visto vuestros ojos la luz?
Pues caminad hacia ella.
Salid de la oscuridad en la que vivís,
dejaos inundar por esa luz:
vuestros ojos, vuestro rostro,
vuestras manos, vuestro corazón...,
todo vuestro ser lleno de luz.
Brillad como una luna
recibiendo el resplandor de esta luz.
Puede amanecer sobre vosotros,
despunta el alba.
Podéis escapar de las tinieblas.
Y disipar las sombras
en las que se ahoga la vida.
¡Puede ser vuestra Aurora!
No penséis mucho.
Ni le deis más vueltas.
Dejad de poner frenos
a vuestros deseos de vivir:
reconoced que os gusta la vida,
no os agazapéis en la noche,
no os escondáis detrás de las sombras,
no intentéis disimular la oscuridad...
Desengañaos de una vez:
el mal, el capricho, el egoísmo,
la pereza, el rencor...no dan la vida.
Tampoco el vivir más o menos,
ni el ir tirando o el mal vivir dan la vida
La vida la dan
la lucha, el gozo y la búsqueda de la luz,
el conocimiento y la verdad.
Dios da la vida. El amor da la vida.
Y la vida se da a sí misma.
Vosotros mismos podéis ser luz y perdón,
presencia de Dios.
Lo nuevo os ronda,
se sugiere en vuestra alegría,
se pronuncia en vuestras palabras,
se expresa en vuestros gestos,
se desborda en vuestros sueños
y en vuestros mejores deseos.
Dejad todos los caminos abiertos para que la luz, lo nuevo
y la alegría sean vuestros... Para que sea vuestra LA
VIDA...
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