|
¡Ven, Espíritu Santo!..., sin ti no podemos creer...
¿Cómo podremos dar respuesta a tantas dudas? ¿Cómo no
cansarnos de recitar el Credo? ¿Cómo entender las
Escrituras? ¿Cómo confesar cada día que “Jesús es el
Señor”?
Sin ti no podemos confiar... ¡Tenemos tantos
miedos!... Miedo a Dios (!)..., dudamos que nos
perdone..., que nos quiera... Miedo a la vida..., al
trabajo..., al futuro..., a la enfermedad..., a la
vejez..., a la muerte... Miedo unos de otros...
Sin ti no podemos orar... ¿De qué servirá tanto
padrenuestro? Sin ti la oración es monótona..., fría...,
interesada... Decimos palabras..., a lo mejor bonitas...
Hacemos ritos y liturgias..., pero que..., muchas
veces..., se convierten en teatro... Ofrecemos dones...,
decimos misas..., bendecimos cosas..., encendemos
velas..., pero..., buscando nuestro interés... Hacemos
triduos y novenas y hasta horas santas..., pero para
asegurarnos la protección de arriba..., o ganar
indulgencias..., o conquistar el cielo...
Sin ti no podemos servir... Puede que trabajemos
mucho..., pero no siempre pensando en los demás...
Construimos una ciudad imponente..., pero insolidaria...
El trabajo nos agobia..., nos deshumaniza..., aunque
ganemos mucho... Sin ti..., lleva el virus del interés
egoísta...
Sin ti no podemos “comulgar”... No hay manera de
entenderse..., cada uno habla su propia lengua... La casa
se convierte en una pensión..., la familia es
coexistencia..., la fraternidad una carga..., la amistad
conveniencia..., la comunidad un fastidio..., o un
infierno..., el amor una pasión utilitaria... Sin ti...,
los pueblos rivalizan y se destruyen..., las Iglesias se
separan..., los creyentes compiten por su Dios...
Sin ti no podemos crecer... O crecemos sólo en una
dimensión... Nuestras mejores cualidades se atrofian...
Crecen nuestras manos..., a lo mejor nuestra cabeza...,
pero no nuestros sentimientos..., nuestro corazón...
Jugamos a ser superman y gigantes..., pero terminamos en
robots... Nos falta espíritu..., nos falta carisma..., nos
falta calidad..., a nivel de persona y como sociedad...,
como humanidad...
Sin ti no podemos amar... ¿Cómo amar..., si nos
falta EL AMOR? Miraremos al otro con mirada distante e
interesada... Diremos palabras o haremos gestos que no
sentimos..., por cumplir..., por sacar algún provecho...
La palabra amor está viciada de raíz..., prostituida..., y
la utilizamos como comodín para cualquier cosa... Llamamos
amor al placer vacío de contenido..., o al paternalismo
alienante..., o al mero sentimiento..., llamamos amor al
capricho..., o al egoísmo más refinado...
Sin ti no podemos sufrir... Nos resultará
insoportable cualquier molestia... Buscaremos la vida
fácil..., divertida... La vida ligth... Alejaremos de
nuestra vista las personas que sufren..., o son
deprimentes... Evitaremos las cargas..., la de los
hijos..., la de los abuelos..., la de los enfermos...
Sin ti no podemos esperar... La esperanza exige
capacidad de soñar..., deseos de cambiar... Supone
insatisfacción..., mirada al futuro como promesa...
Necesita paciencia..., compromiso... Pero..., sin ti...,
nos reímos de los sueños..., de las utopías..., y
preferimos el “plato de lentejas”..., y vivimos con las
alas cortadas...
Sin ti no podemos ser... Viviremos...,
creceremos..., tendremos muchas cosas..., “como hace todo
el mundo”..., pero sin alma... Nos relacionaremos...,
hablaremos..., conviviremos..., “como hace todo el
mundo”..., pero sin conocernos..., sin comprendernos...,
sin querernos... “Se habla..., se dice..., se hace...,
como todo el mundo”..., pero renunciando a ser libre...,
privando a la propia vida de su propio sentido...,
renunciando a ser nosotros mismos...
Por eso..., ¡VEN, ESPÍRITU SANTO!
Hoy puede ser Pentecostés...
|