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Para edificar la tierra nueva..., Jesús..., no pide nada
para sí..., nada para Dios... Pide “que nos amemos los
unos a los otros"...
Y la Carta Magna del Nuevo Pueblo de Dios sólo tiene un
artículo..., una ley:
"Que os améis unos a otros como yo os he amado"...
Para Jesús..., todo consiste en amar...
Pero es necesario amar "con estilo": "como yo os he
amado"...
El "como yo" no es sólo "amar igual que
Él"..., siguiendo su ejemplo..., como si Jesús fuera
un simple modelo a seguir...
"Amar como yo" es algo más profundo...
Es encontrar dentro de nosotros la misma fuente de amor
que empujó a Jesús a entregar la vida por los demás..., su
mismo Espíritu...
Es el mismo amor de Dios el amor con que Jesús nos amó...
Amar..., "como" Jesús..., es hacer que Dios encarne
su amor al hombre..., en el amor que nosotros tenemos a
los hermanos...
Por eso..., sólo un amor que siempre toma la
iniciativa... (que da el primer paso..., sin temor a
"hacer el primo"...), que se da sin esperar nada a
cambio... (gratuitamente...), sin fronteras...
(sin excluir a nadie..., ni al enemigo...), que se
traduce en hechos... (que no se queda en buenos
sentimientos..., ni buenas palabras...), que prefiere a
los más pobres..., como Jesús..., y que llega hasta
dar la vida..., es como el amor de Dios..., y resume
toda la Ley y los Profetas...
En ese amor..., nuestro Dios está amando...
Este y no otro es el signo distintivo de la Comunidad de
Jesús: "La señal por la que conocerán que sois
discípulos míos"...
SÓLO ENTONCES..., los hombres de nuestro tiempo podrán
creer..., y experimentar..., que el mismo Dios que siempre
nos ha amado..., que nos amó en Jesús..., hoy nos sigue
amando..., vivo en su Espíritu...
¡FELIZ TIEMPO DE PASCUA!
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