JUEVES SANTO

Misa en la Cena del Señor
Lavatorio de los pies
Monumento

 

 

En la base de todo lo que celebramos hoy hay dos entregas...

Dos entregas de signo bien distinto..., y..., de resultados opuestos...
Una es la entrega de Judas... La traición y el beso hipócrita son su esencia... El motivo..., como siempre..., unas monedas... El dinero por encima de la vida humana... ¿Te suena?...

Los resultados son bien conocidos: la prisión..., el juicio..., la condena..., la muerte...

No podía ser de otra manera...

A diario..., igual que entonces..., se vende a personas por unas monedas..., y..., el resultado..., siempre es el mismo: la muerte...
La otra entrega es la de Jesús...
Él no vende a nadie..., se entrega Él mismo... Él no busca el propio interés..., sino la vida para sus amigos..., será el testimonio que les dará fuerza..., y ánimo..., para seguir sus pasos...

Es la ratificación..., con su carne y su sangre..., de que sus palabras no son sólo palabras..., ni utopías..., ni ilusiones..., sino realidades tan auténticas y tan serias..., que..., por ellas..., se puede pagar un precio tan caro como el dar la propia vida...
Y así..., en ese gesto de amor..., que se teje sobre el pan y el vino..., (el alimento..., y la alegría..., la carne..., y la sangre...) Jesús..., se da a sí mismo..., para permanecer siempre con los suyos..., para que nunca se encuentren solos..., desamparados..., en el duro combate de la vida...
Frente a uno que le vende..., por unas pocas monedas..., Jesús se da..., se ofrece..., gratuitamente..., y se queda para siempre con los suyos...
Vender..., o darse...

El propio interés..., o el ofrecimiento...

Es la disyuntiva que aparece en este Jueves Santo que hoy conmemoramos...

Es la disyuntiva que se nos plantea también..., en el día a día..., a todos y cada uno de nosotros...
Al repetirse en nuestro mundo el drama de la última cena..., necesitamos saber cuál de los dos papeles queremos representar...
¿En lugar de quién nos ponemos?...
Sería relativamente fácil decir..., desde nuestra instalación..., que nosotros nunca nos pondríamos en lugar de Judas... Quizá..., hasta podríamos aceptar que..., tampoco lo podemos afirmar con todas las de la ley..., que estemos decididos a ponernos en lugar de Jesús..., pero que..., eso sí..., estamos en ello...
Pero..., si queremos responder con autenticidad..., al estilo del evangelio..., tendríamos que hacer otra cosa...

Por ejemplo: ver en lugar de quién nos solemos poner en la vida diaria...

¿Qué te parece?
-¿En lugar del que..., entre la humillación..., la desesperación..., el abatimiento..., aguanta lo inaguantable por no perder su trabajo?
-¿En el del emigrante que..., día tras día..., ante mí..., es prejuzgado..., condenado..., rechazado, marginado..., explotado..., sólo por que es extranjero?
-¿En lugar del abuelo enviado al asilo..., porque molesta..., después de obligarle a vender su casa de toda la vida?...
-¿En lugar del que ha sido metido entre rejas..., del drogadicto..., del homosexual..., de la prostituta?...
Esa es la única manera válida de saber en lugar de quién nos ponemos...

Este método..., tan claro..., no le hemos inventado nosotros... Son palabras de Jesús: "tuve hambre y me diste de comer..., (¿recuerdas?)..., lo que hiciste a uno de estos, mis pequeños hermanos..., conmigo lo hiciste"... (Mateo 25, 31-46)
Pues..., si hoy..., ante Jesús que se entrega..., no elegimos ponernos en su lugar..., vivir como Él vivió..., ¿podremos seguir creyéndonos sus discípulos?

 

Si quieres leer, o bajarte el EVANGELIO  DE JUAN 13, 1-15...,  pincha aquí...  

 
 

 
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