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El pequeño no era una alhaja..., la verdad... Pero...,
¿y..., el mayor?...
¿Os imagináis qué hubiera pasado..., si el hijo
pródigo..., el día que volvía arrepentido a casa..., en
vez de encontrarse con el Padre..., (que en cuanto lo vio
a lo lejos..., echando a correr..., se le echó al cuello y
le llenó de besos...), se hubiera encontrado con su
hermano mayor?...
¿Se habría quedado..., o se habría vuelto a marchar para
siempre?
Seguro que nos habríamos quedado sin parábola...
Y sabríamos menos del amor infinito que Dios nos tiene...,
precisamente..., por la intransigencia de "los buenos"...
¡Qué peligro creerse "bueno"!... ¡Cumplidor!... ¡De los
que no deben nada a nadie..., ni a Dios!... ¡Dios y los
demás están en deuda con ellos!...
Pues..., el hijo mayor..., aparentemente..., era una
"buena persona"..., pero sólo aparentemente... Le parece
que el Padre ha perdido la cabeza..., que "se ha
pasado"... Le indigna tanto amor... "Pero..., ¿qué méritos
ha hecho ese sinvergüenza?"...
¿No crees que..., hasta le molesta ver al Padre tan
feliz?...
Y le pasa factura... "Yo..., que he sido tu esclavo (!)
tantos años..., sin desobedecer nunca una orden tuya"...
Y pretende cobrar prima de antigüedad y trienios de
fidelidad... Llegando hasta renegar de su hermano y de la
fraternidad: ... “ese hijo tuyo"...
¡TAN CERCA DEL PADRE..., Y TAN LEJOS DE SU CORAZÓN!
Tantos años junto al Padre ("todo lo mío es tuyo"...), a
la vera de su amor...
¿Cómo es posible estar tan ciego?...
Sin embargo..., el pequeño..., viéndose perdido...,
endeudado con Dios..., pensó: "a pesar de todo..., sé...,
que..., si vuelvo..., daré a mi Padre una gran alegría"...
Y..., lo que siguió..., fue UNA GRAN FIESTA...
Ahora..., el hijo pródigo y el Padre..., esperan con
ilusión..., cada día..., que el hermano mayor vuelva...,
PARA QUE LA FIESTA SEA TOTAL...
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