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Mucha frondosidad..., muchas hojas...
¡Qué buena pinta!...
Pero..., ¿no será..., mucho ruido y
pocas nueces..., como la higuera?...
Fíjate: Nacimos en un "país católico"..., en una “familia
católica”..., nos bautizaron..., nos educaron
cristianamente..., asistimos a la catequesis..., nos
aprendimos de carrerilla eso de: "¿Sois cristiano? Sí, por
la gracia de Nuestro Señor Jesucristo"..., y no sé cuantas
oraciones más...
Luego hicimos la primera comunión...
Tal
vez..., también..., hasta recibimos la confirmación...
También..., confesamos
"al menos una vez al año o antes si está en peligro de
muerte o si ha de comulgar"..., y comulgamos por "pascua
florida"...
Hasta..., puede ser que hayamos confesado y comulgado...,
¡ni se sabe las veces!...
Puede que seamos de los que no han perdido ni una misa...
Tal vez..., hemos ido a convivencias...,
cursillos...
O..., estemos casados por la Iglesia...
Incluso...,
puede ser..., que nos hayamos apuntado a algún grupo de
catecumenado..., o de profundización en la fe..., o
pertenezcamos a alguna comunidad...
Puede ser que nuestra vida esté llena de muchas cosas...,
incluso buenas..., interesantes..., como las hojas
frondosas de la higuera...
Vale..., damos sombra...,
pero..., ¿es suficiente?
Y..., ¿los frutos?
"¡Mucho ruido y pocas nueces!"..., decía la abuela..., la
tuya y la mía...
Porque..., ¿eso es ser discípulos de Jesús?
¡Al grano..., hermano!:
¿es Dios, de verdad..., el centro de
tu vida?... ¿Es tu tesoro?... ¿Le amas apasionadamente?... ¿Confías
en El?... ¿Siembras paz..., justicia..., vida..., a tu
alrededor?... ¿Eres testigo de su amor?... O...
Pues..., ¿no crees que ya es hora de dar frutos?
¡No te vayas por las ramas!...
Lo tuyo..., majete..., "es un problema de corazón"...
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