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Si alguna vez hemos subido una
montaña..., sabemos del esfuerzo físico que esto
supone..., y también del atractivo que lleva consigo...
El atractivo de irnos viendo cada vez más arriba..., como
dominando la situación..., y la satisfacción de llegar a
la cumbre (por fin...), y contemplar (admirados...) todo
lo que alcanza nuestra vista...
Sin duda es una experiencia preciosa..., costosa pero
preciosa..., como suele ser todo lo que de verdad merece
la pena en la vida...
Pero..., a pesar de todas las dificultades..., lo que más
cuesta no es subir..., sino bajar... Es curioso... Quizá
sea la misma ley de la gravedad..., el miedo a la
caída..., o..., simplemente..., pensar que lo que nos
vamos a encontrar abajo es lo mismo que habíamos
dejado..., que desaparecerá el atractivo encanto de lo
nuevo..., para volver a la rutina de siempre...
Y..., a mi me parece que..., a los amigos de Jesús les
pasó lo mismo que nos pasa a nosotros..., o si queréis...,
más bien..., a nosotros nos pasa lo mismo que a ellos...
Estamos mejor en la montaña..., en lo espectacular..., en
lo distinto..., en lo novedoso..., mejor que en el día a
día... ¿Verdad?
Valoramos más..., mucho más..., cualquier "novedad" de
cualquier "progre"..., que lo sencillo de la gente de a
pie..., que nos parece siempre igual...
Y es que la vida tiene tanto de "gris" y de amargura...,
que nos quedan pocas ganas de "bajar"..., de “pisar
tierra”..., de hacer frente a la "dura" realidad...
Pues bien..., nuestro Dios..., que no está "arriba"...,
sino en la vida..., en el llano..., codo a codo solidario
con los hombres..., a tu lado..., te dice: "conviértete y
cree en el Evangelio"..., es la invitación a reconocernos
valientemente como somos..., a desinstalarnos..., a
cambiar nuestro corazón...
Convertirnos..., eso si..., por favor..., dejando que El
nos guíe..., sin caras largas..., o tristes..., ni con
lenguajes del siglo XV..., ni con "ayunos" (leed de nuevo
el ayuno que Dios quiere..., en Isaías 58, 7-10), ni
"penitencias" artificiales..., tan "propias de estos
días"..., que la Cuaresma es tiempo de preparación..., de
cambio..., sí..., pero tiempo de alegría..., de gozo... El
gozo de sabernos implicados en ese proceso de cambio al
que Dios nos lanza..., en la seguridad de que en la tierra
(y..., sobre todo aquí...) está el Dios de la Vida..., que
ha vencido a la muerte...
Bajar de la montaña... Esa es la clave... En camino hacia
la Pascua...
¡Feliz viaje!
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