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Vamos a ver si me explico...
No se trata de ver si nos acercamos a comulgar
cumpliendo..., escrupulosamente..., o no..., las
condiciones que exige el derecho canónico: ayuno
eucarístico..., pureza de conciencia...
Eso..., si te parece..., lo damos por supuesto...
Se trata de algo más..., mucho más..., profundo..., algo
esencial...
Porque..., si comulgar es recibir a Cristo..., el Cuerpo y
la Sangre de Cristo..., comulgar es..., entonces...,
comulgar con los hermanos..., con quienes formamos el
Cuerpo de Cristo...
¿O no?
Ya sé..., ya sé..., que..., cada domingo..., nos sentamos
(más o menos juntos..., algunos parece que prefieren estar
solos...) en los templos...
Ya sé que..., con nuestros hermanos (en fila...) recibimos
la Eucaristía en la Misa...
Pero..., comulgar con los hermanos..., no es sólo eso...,
(¡que fácil sería!..., ¿verdad?...) es..., también...,
mucho más que eso...
¿Es que se puede comprender que haya quienes son capaces
de recibir a Cristo (sacramentado)..., y cerrar la puerta
a Cristo..., al mismo Cristo..., presente en nuestro
prójimo..., y..., además..., quedarse tan panchos?...
¿Cómo se come eso?...
¿Por qué tanta gente ávida por comulgar..., y tan reacia a
comulgar con los demás?...
Pues..., mira: no comulgamos a Cristo..., si no comulgamos
también con los hermanos...
Y..., no tiene ningún sentido compartir el Cuerpo de
Cristo..., si nos cerramos a compartir con nuestros
hermanos...
Resulta escandaloso comulgar el Cuerpo y Sangre de
Cristo..., sin sentirse al mismo tiempo comprometido a
dar..., a darse..., en servicio a los demás...,
especialmente a los más necesitados...
Como hizo Jesús...
Hoy..., precisamente..., se celebra en la iglesia el día
nacional de Caridad...
Celebramos el amor de Dios entregado..., que se nos da en
alimento... Y..., por supuesto..., que no se trata de dar
una limosnita...
Tal vez sea una buena ocasión para pensar en serio...,
para examinar personalmente..., si damos a la comunión su
debido valor...
No el valor que a nosotros se nos antoje..., ¿verdad?...,
sino el que el Señor quiso darle cuando nos dijo: “Haced
esto en memoria mía”...
"Subí al cielo...,
pero aún permanezco
en la tierra...
Allí estoy sentado a
la derecha del Padre;
aquí aún tengo
hambre y sed,
soy peregrino...,
son pisados mis
miembros
por toda la tierra"...
(San Agustín)
¡Que grande San Agustín!..., ¿verdad?...
Feliz domingo del Cuerpo y Sangre de Cristo...
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