DUODÉCIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¡NO TENGAS MIEDO!...

 

No alcanzo a imaginar las tormentas en las que cada uno de nosotros estamos metidos..., a veces..., a punto del naufragio... Conozco las mías..., y algunas más... Pero sé que la experiencia de que el suelo falla bajo los pies..., es común entre los mortales...
La incertidumbre..., la frustración..., el miedo..., en sus mil y una formas distintas..., nos asaltan.... por más prevenidos que estemos...
Diríamos que forman parte inseparable de nuestra condición humana...
Lo que no sé es si..., cuando se convierten en tormentas..., lo primero que hacemos es despertar al durmiente que descansa en la popa de nuestra barcaza..., o perdemos el tiempo..., corriendo de un lado para otro..., sin orden ni concierto..., lamentándonos por lo inminente del hundimiento..., o..., desesperadamente..., achicamos el agua con un cubo lleno de agujeros..., (si al menos fuera un buen cubo...), todo..., menos acudir al Maestro..., al Amigo..., al Señor de todo lo que existe... al que nunca nos falla..., y poner nuestra barca..., es decir..., nuestra vida..., en sus manos..., con la confianza de que la llevará a buen puerto...
“¿Dónde estás, Señor?..., ¿Por qué duermes cuando más te necesitamos?“...
Y la respuesta del Señor..., ayer y hoy..., es justamente otra pregunta..., seguida de una alentadora respuesta: “¿Por qué tenéis miedo?... Yo estoy con vosotros... Creed en mí..., confiad en mí”...
Hoy..., la gente tiene miedo... Vivimos tiempos inseguros por muchas causas: guerras..., violencia..., crisis familiares..., crisis de valores... Para muchos..., las cosas..., y la vida..., cambian demasiado rápido...
También nuestra Iglesia..., tanto sus líderes..., como sus miembros..., se siente con frecuencia inquieta y miedosa... Parece como si Dios estuviera lejos..., como dormido..., como indiferente a nuestras angustias...
Pues..., ¡NO TENGAS MIEDO!..., el Señor está con nosotros...
Y..., si es preciso..., despiértale..., a Jesús..., nuestro Señor y nuestro hermano..., con plena confianza..., que su amor por ti es infinito..., y..., “hasta el viento y las aguas le obedecen”...

 

 
   Comunidad Nuestra Señora de Nazaret
   
PP. Agustinos
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