SEGUNDO DOMINGO DEL T.O.

SERÍAN LAS CUATRO DE LA TARDE...
 

 
Al encuentro con Jesús..., con Dios..., se puede llegar por muchos y diferentes caminos..., pero sólo con el corazón abierto..., es decir..., libre..., y desde la búsqueda sincera...
Es cierto que Dios siempre sale a nuestro encuentro..., pero..., si no buscas con sinceridad..., si no le abres "de par en par" las puertas de tu casa..., no percibirás el paso de Jesús a tu lado..., jamás te encontrarás con Él...
Fijaos: Jesús se mostró a todos por igual..., con todos se hizo el encontradizo... Comió con publicanos y pecadores..., con fariseos (Lc 7, 36)..., sus discípulos eran pobres pescadores..., y también fue seguido por ricos usureros (Lc 19, 1-10)... Pero..., no todos se encontraron con Él...
Algunos buscaban en Jesús satisfacer una curiosidad..., por ejemplo..., o sentirse halagados por su presencia..., o buscaban en Él a un mago que hiciera sus caprichos..., como Herodes...
La "élite" religiosa esperaba que Jesús le pidiese lo que ella misma se pedía: el cumplimiento estricto de la ley..., buscaban en Jesús una justificación de su forma de ser o de vivir... Pero Jesús..., más allá de sus esquemas religiosos..., les pide la apertura del corazón...

El joven rico..., por ejemplo..., que era "bueno"..., está claro que no estaba abierto a lo que Jesús le pudiera pedir..., y "se marchó apenado" (Mt 19, 16-22)... “Señor..., te seguiré donde quiera que vayas..., siempre que vayas donde quiera ir yo”...
¡Qué gracioso!..., ¿verdad? Por eso..., no todos se encontraron con Él...
Porque..., quien quiere conservar su vida al abrigo de las exigencias de Jesús..., quien no es capaz de poner en cuestión su situación..., de renunciar a sus "seguridades"..., de liberarse de todo apego..., de toda esclavitud..., de todo prejuicio..., de toda riqueza..., de toda voluntad de dominio..., está cerrado a la entrada de Jesús en su vida...
Pero..., quien se encontró con Jesús..., descubrirá en Él la presencia de Dios en la Historia..., y en nuestra historia... Descubrirá que siempre estuvo ahí..., donde antes no había visto más que fórmulas..., ritos..., palabras sin sentido..., o acontecimientos triviales... Jamás olvidará ese encuentro: "serían las cuatro de la tarde"...

 

 

 

 
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