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III DOMINGO
DE PASCUA
¡GRACIAS POR VENIR!...
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Con
inmenso gozo la Iglesia que peregrina en España se dispone
a recibir por quinta vez al Vicario de Cristo en la
tierra, el Papa Juan Pablo II... Por ello, los Obispos de
la Provincia Eclesiástica de Madrid, que comprende las
diócesis de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, nos
dirigimos a todos nuestros diocesanos para animaros a
vivir este acontecimiento eclesial y dar gracias a Dios,
junto al sucesor de Pedro, por el gran don de la fe y de
la vida en Cristo.
Después de veinte siglos de cristianismo, la presencia de
Juan Pablo II entre nosotros confirma nuestra fe y
consolida la certeza de que somos la Iglesia de Cristo, el
pueblo rescatado con su sangre, llamado a proclamar la
misericordia de Dios con todos los hombres. Quien viene
hoy a nosotros es el sucesor de aquel que, escribiendo a
los cristianos de su tiempo les recordaba quiénes eran y
cuál era su misión: «Vosotros sois linaje escogido,
sacerdocio real, nación consagrada, pueblo adquirido para
anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las
tinieblas a su admirable luz». Nosotros somos los
sucesores de aquellos primeros cristianos, que hoy como
entonces estamos llamados a anunciar las alabanzas de Dios
mediante el testimonio de una vida redimida por Cristo...,
somos para el mundo de hoy los testigos de Cristo...
Abramos, pues, nuestro corazón a la exhortación del Papa.
Acojamos con gozo su magisterio y démosle la alegría de
vivir conforme a la cruz gloriosa del Señor. Desde el
principio de su ministerio no se ha cansado de invitarnos
a no tener miedo, a vivir con gozo nuestra fe, a proclamar
al mundo la verdad que salva. Su exhortación a ser santos
es uno de los ejes fundamentales de su pontificado, que
enlaza con la enseñanza de Jesús en el Sermón de la
montaña y con la de los escritos del Nuevo Testamento...
Pedimos a María proteja al Santo Padre y haga muy fecunda
su visita a España. Y que, como Madre, aliente la vida de
nuestras iglesias, de nuestras familias y de cada
cristiano para que seamos testigos valientes del Señor que
ha hecho de nosotros «luz del mundo y sal de la tierra».
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