| |
II DOMINGO
DE NAVIDAD
¿MANDE?...
| |
Hay gente que, cuando lee el Evangelio de hoy, piensa:
“¿ya estamos con los acertijos?”... Pero..., fíjate sólo
un momento...
“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”...
Si creemos que Dios se hizo hombre..., si ha querido
manifestarse en el hombre..., habrá que buscar a Dios en
el hombre... ¿A que está claro?
Entonces..., ¿por qué buscarle fuera de nuestra historia y
de nuestro mundo si Dios no está fuera?... ¿Por qué
buscarle allá entre la nubes incontaminadas..., en el
cielo..., si está aquí..., dentro de ti?...
En nuestra historia..., con nuestros aciertos y nuestros
fracasos... (”la luz brilla en la tiniebla”...),
descubriremos la presencia de Dios...
Entonces..., ¿puede alguien encontrarse con Dios sin
haberse encontrado con el hombre? ¿Puede alguien
Entregarse a Dios sin entregarse al hombre? ¿Amar a Dios
sin amar al hombre? ¿Rezar..., hablar-escuchar a Dios...,
sin entrar en comunión con el hombre?
Quien ama a Dios..., sólo ama de verdad..., si ese amor
es..., al mismo tiempo..., servicio al hermano...
Y..., no nos escandalicemos porque Dios haya querido que
el hombre, nacido de su amor y por su amor..., sea
manifestación..., para el mismo hombre..., del mismo
Dios...
No nos pase como a aquellos contemporáneos de Jesús que,
cuando les pedía que le aceptaran a él si querían
encontrarse con Dios..., le quisieron apedrear por
blasfemo: “porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (Juan
10, 33)
Rechazar al hombre..., a cualquier hombre..., es cerrarse
uno mismo la puerta para el encuentro con Dios... |
|
|
|
|