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Se le
pueden dar tantos matices a esta frase...
Puede expresar nuestro sincero anhelo de seguirle..., de
verle allí donde Él habitualmente está..., entre los
pobres más pobres...
Podemos cargar nuestra expresión de impotencia: “Aquí te
quisiera ver yo..., Señor..., aquí y ahora..., en el lío
de mi vida... Apostando por todo lo que el mundo
rechaza..., y me pone tan difícil: tu serenidad..., tu
paz..., tu sabiduría..., tu amor..., tu verdad ”…
También podemos querer verle desde la comodidad de nuestro
sillón y nuestras zapatillas calentitas..., como se ve un
programa de TV..., sin emoción ni compromiso..., desde la
barrera... Es lo más común... “Te quiero ver..., Jesús...,
como un amiguete conciliador y poco exigente..., que me
tolere una fe cómoda..., y sin exigencias de cambio... Que
me deje ser la semilla que se queda en el saco..., sin
necesidad de pasar por la siembra y por la muerte..., y me
recuerde constantemente lo estupendísimo/a que soy”...
De verdad..., ¿queremos ver a Jesús?... Pues..., sí...,
pero..., puede ser que queramos ver al Jesús que nosotros
queremos ver..., no al que ÉS... Un Jesús a medida..., que
no nos incordie en exceso..., ni nos lleve a demasiadas
preguntas (de ésas que pican)...
Pero no se puede...
Ver a Jesús..., verlo bien de cerca..., apreciando todos
sus matices..., nos lleva a “querer vivir como Jesús
vivió” (¿te suena?)..., compartiendo su vida entregada...,
hasta la Cruz..., para experimentar..., junto a todos los
crucificados de la historia..., la alegría de la Pascua de
resurrección...
Puedo querer ver a Jesús como un turista...
O..., puede ser que apueste mi vida por todo lo que Jesús
encarnó en la suya: la justicia..., la belleza..., la
bondad..., la solidaridad..., y la alegría..., la
verdad..., la paz..., el amor sin medida... Si queremos...
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