|
Vivimos
en un mundo en el que el mercantilismo lo va invadiendo
todo... Compramos y vendemos..., damos para que nos
den..., pagamos y cobramos... Hasta los regalos casi son
ya una especie de obligación..., porque toca..., porque es
el día del padre..., madre..., maestro..., niño..., o
Valentín de turno (con perdón)...
Vendemos nuestro trabajo..., alquilamos nuestras
aptitudes..., intercambiamos nuestros esfuerzos...,
negociamos nuestro tiempo...
Pero..., ¿damos algo gratis?...
Un paso más... ¿nos damos..., sin pedir nada a cambio?...
Hace unos cuantos años..., hablando a un grupo de
muchachos de dieciséis años..., acerca del INFINITO AMOR
QUE DIOS NOS TIENE..., uno de ellos..., me dijo entre
lagrimas..., que hasta entonces..., nadie le había dicho:
“te quiero”...
Sin ir tan lejos..., un día de esos..., que los hay...,
que sales de trabajar más cansado/a..., más triste..., más
desanimado/a de lo habitual..., más perdido/a que
últimamente..., que te has peleado con tu jefe..., o con
tu jefa..., o con tus hijos..., o contigo mismo/a..., o
con todos al mismo tiempo... Y sientes que se tambalean
todos tus anclajes...
Si..., alguien..., sin decir más..., te dice: Te
quiero..., ¿te das cuenta de que era eso lo que
necesitabas..., lo que tu corazón estaba esperando?...,
y..., claro..., ya no dejas de sonreír toda la tarde...
Bien lo sabe Dios... ¡Como no!...,y..., por eso..., se
vale de cualquier excusa (y de cualquier persona...) para
decírnoslo... Hoy..., por ejemplo..., te lo dice Pablo...,
en el fragmento de su carta...
Dios envió a su Hijo..., para que..., en la persona de
Jesús..., entendieran los discípulos cuánto nos ama
Dios... Cuánto..., y de qué modo... En Jesús..., que pasó
su vida amando como sólo Dios es capaz de amar...
¿Ves? En Jesús..., Dios te dice: Te quiero...
Pues..., si en los que nos aman..., podemos descubrir que
Dios nos ama... (¡Tela..., marinera!...) ¿Cuantas veces
has dicho hoy..., te quiero?
|