EL BAUTISMO DEL SEÑOR

CON EL MISMO ESPÍRITU QUE ANIMÓ A JESÚS...
 

 

La "manifestación" de Dios..., y su acercamiento a nuestra historia ha tenido etapas sucesivas: la espera del Adviento..., el gozo del Nacimiento..., la fiesta de la Madre..., la invitación a los pueblos paganos en los Magos...
Muchos no habrán traspasado la corteza artificial de la Navidad..., ni habrán gustado el misterio que la hizo nacer...
No habrán descubierto la gran noticia: El cielo se ha abierto... Dios está con nosotros... Ésta es la gran verdad que no se termina con estas fiestas...
Oculto para unos..., desconocido para muchos..., Dios está con nosotros...
No el dios frío de la razón..., no el dios distante del puro misterio..., sino un Dios hecho carne..., hermano..., amigo...
Esta solidaridad de Dios con los hombres pone el cimiento más profundo que podemos concebir a la solidaridad y fraternidad entre los hombres..., y la esperanza más viva que puede alimentar la tierra...
Es fácil cantar villancicos en un hogar caliente..., después de una buena cena..., a un Jesús de barro... Es más difícil vivir compartiendo lo que uno es y tiene..., con ese Jesús de carne..., que son los desheredados de la tierra... Sin embargo..., es así como se celebra la Navidad..., día a día...
No en la euforia pasajera del champán..., no disfrutando alocadamente y sin límite alguno de los excesos de esta sociedad consumista..., sino aprendiendo a compartir con sencillez los gozos y sufrimientos de la gente..., de los que..., ya sabemos..., que son nuestros hermanos...
Celebramos la Navidad..., día a día..., siempre que dejamos «nacer» a Dios en nuestra vida..., y «bautizamos» nuestro vivir diario con el mismo Espíritu que animó a Jesús...
Es la única esperanza para la humanidad sufriente..., para el pueblo que camina en tinieblas: escuchar una palabra y una acción amorosa y consistente..., una palabra y una acción que lleven consuelo a la existencia... No un consuelo equívoco..., de engaño que adormece la conciencia..., de infantil incapacidad de vivir..., de placer que quiere satisfacción inmediata..., sino un consuelo firme..., de liberación profunda..., de todo hombre y de todo el hombre...

 

 
   Comunidad Nuestra Señora de Nazaret
   
PP. Agustinos
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