CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

PUEDES HACER QUE SALTEN DE ALEGRÍA...
 

 

Cuando tú..., Señor..., visitas a alguien..., no le dejas tranquilo...
Tus visitas movilizan... Lo contrario de lo que..., a veces..., se oye por ahí: Dios aletarga..., aliena..., anestesia... (?)
Precisamente..., el letargo..., es uno de los signos más claros de que no nos ha visitado el Señor..., que no hemos aceptado su visita...
María..., la que acaba de decir sí..., la visitada y solicitada por el Señor..., se pone en marcha inmediatamente... Y su meta es «alguien que la necesita»...
Algo así como si tus visitas..., Señor..., fueran..., sobre todo..., un abrir nuestros ojos..., para hacernos ver que a nuestro lado hay gente que nos necesita..., que nuestras manos son manos para trabajar por los demás...
Sí... Tus visitas nos empujan hacia los demás... Se crea así una cadena con aliento divino..., con sorpresa divina... Cuando vivimos para los demás..., los demás descubren que el Señor les visita..., y pueden saltar de alegría..., como Isabel..., la visitada por María..., que se alegra y salta de gozo..., y también el fruto de sus entrañas... Ella reconoce en la visita de su prima..., de María..., tu visita... Y es que nuestra presencia..., y nuestras visitas..., Señor..., son la manera que tienes de hacerte presente hoy..., de visitar a los hombres y mujeres que sufren...
En estos días de Adviento..., las palabras «venida..., visita...» se repiten continuamente...
Hay visitas que nos dejan muy fríos..., que no nos dicen nada... Hay visitas que no son nada más que coincidencias: «Sí..., hemos coincidido en tal reunión»... Y nada más... Hay visitas que sólo son un «verse por fuera y desde fuera»... De esas visitas no hablamos aquí...
Tus visitas interpelan y apuntan al corazón de la persona; tus visitas remueven y mueven a las personas... Unas veces son brisa..., otras son torbellino... En tus visitas..., Señor..., siempre se juega y aborda algo importante de la persona...
¡Dichosa toda aquella persona visitada por el Señor!... ¡Dichosa toda aquella persona que reconoce en el otro que tú te haces presente en su vida!...
Los visitados por el Señor son..., a su vez..., sembradores de presencia del Señor... La irradian por todas partes: son los capaces de acercarse a los otros y compartir con ellos la vida...

 
 

 
   Comunidad Nuestra Señora de Nazaret
   
PP. Agustinos
   Montejo de la Sierra
   28190 Madrid