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Cuando
tú..., Señor..., visitas a alguien..., no le dejas
tranquilo...
Tus visitas movilizan... Lo contrario de lo que..., a
veces..., se oye por ahí: Dios aletarga..., aliena...,
anestesia... (?)
Precisamente..., el letargo..., es uno de los signos más
claros de que no nos ha visitado el Señor..., que no hemos
aceptado su visita...
María..., la que acaba de decir sí..., la visitada y
solicitada por el Señor..., se pone en marcha
inmediatamente... Y su meta es «alguien que la
necesita»...
Algo así como si tus visitas..., Señor..., fueran...,
sobre todo..., un abrir nuestros ojos..., para hacernos
ver que a nuestro lado hay gente que nos necesita..., que
nuestras manos son manos para trabajar por los demás...
Sí... Tus visitas nos empujan hacia los demás... Se crea
así una cadena con aliento divino..., con sorpresa
divina... Cuando vivimos para los demás..., los demás
descubren que el Señor les visita..., y pueden saltar de
alegría..., como Isabel..., la visitada por María..., que
se alegra y salta de gozo..., y también el fruto de sus
entrañas... Ella reconoce en la visita de su prima..., de
María..., tu visita... Y es que nuestra presencia..., y
nuestras visitas..., Señor..., son la manera que tienes de
hacerte presente hoy..., de visitar a los hombres y
mujeres que sufren...
En estos días de Adviento..., las palabras «venida...,
visita...» se repiten continuamente...
Hay visitas que nos dejan muy fríos..., que no nos dicen
nada... Hay visitas que no son nada más que coincidencias:
«Sí..., hemos coincidido en tal reunión»... Y nada más...
Hay visitas que sólo son un «verse por fuera y desde
fuera»... De esas visitas no hablamos aquí...
Tus visitas interpelan y apuntan al corazón de la persona;
tus visitas remueven y mueven a las personas... Unas veces
son brisa..., otras son torbellino... En tus visitas...,
Señor..., siempre se juega y aborda algo importante de la
persona...
¡Dichosa toda aquella persona visitada por el Señor!...
¡Dichosa toda aquella persona que reconoce en el otro que
tú te haces presente en su vida!...
Los visitados por el Señor son..., a su vez...,
sembradores de presencia del Señor... La irradian por
todas partes: son los capaces de acercarse a los otros y
compartir con ellos la vida...
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