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X DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
¡QUE NO SE TRATA DE REZAR JUNTOS!...
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La misión de Jesús tiene un
objetivo muy concreto: que los hombres..., aceptando a
Dios como Padre..., vivamos como hermanos..., y que
viviendo el amor fraterno..., experimentemos la felicidad
del Reino..., aquí y ahora..., y para siempre...
Para que eso sea posible..., todos..., tenemos que cambiar
de manera de pensar y de manera de vivir... Todos...,
tendremos que dejar que Él nos cure lo mucho o poco de
enfermizo que hay en nuestra manera de entender las
relaciones con los demás...
Jesús invita a un ladrón (Mateo) a que se una a Él..., y
éste..., al aceptar..., abandona el mostrador de
impuestos..., que era donde robaba...
Su invitación está también abierta a los fariseos..., pero
ellos también deben cambiar..., y no están dispuestos...
No lo están por dos razones: la primera porque creen que
no necesitan cambiar... Ellos no están enfermos para que
nadie tenga que venir a curarlos: se sienten fuertes...
Por eso..., Jesús les dice: “No necesitan médico los
sanos..., sino los enfermos”...
Y..., en segundo lugar..., porque piensan que todo puede
solucionarse rezando a Dios..., celebrando ceremonias
religiosas..., holocaustos..., sacrificios en el templo...
Pero..., Dios..., (ya lo habían dicho los profetas mucho
tiempo antes..., como en la primera lectura de este
domingo...), no quiere ceremonias..., sino amor... “Id
mejor a aprender lo que significa misericordia quiero, no
sacrificios: porque no he venido a invitar a los justos,
sino a los pecadores”...
La solución no está en rezar juntos..., sino en amarse de
verdad..., dice Jesús... La solución no está en que unos
nos consideremos justos y despreciemos a los otros
tildándoles de pecadores..., sino en reconocer todos
nuestras propias enfermedades..., y dejar que Jesús..., su
persona..., y su palabra..., nos curen de ellas...
Sólo así será posible un mundo en el que Dios sea Padre y
los hombres hermanos... Sólo así será posible un mundo en
el que Dios sea el Rey..., y se empiece a cumplir su
promesa: “seréis dichosos”... (Mt 5, 1-12) |
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