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Es
que..., cuando Dios llama..., es imposible decir que no...
Hola..., soy Marta...
Hace casi 11 años que llegué a este precioso convento...,
donde voy creciendo con la ayuda de Dios y de mis Hermanas
de Comunidad..., para bien de la Iglesia y del mundo...
Hoy..., sigo viviendo con la misma certeza esa llamada...,
y continua estremeciéndome Su Amor para conmigo...
Puede que te estés preguntando: "Pero..., es que...,
¿tiene sentido la vida de las monjas?"... Y sin pensármelo
dos veces..., y con rotundidad..., te diré que sí..., que
siempre lo ha tenido..., y hoy..., quizá..., con más
razón...
Nos lo dijo el Papa en Cuatro Vientos: "El drama de la
cultura actual es la falta de interioridad..., la ausencia
de contemplación... Cuando ésta falta..., no se defiende
la vida..., se degenera todo lo humano”...
Pues sí..., nuestro mundo de hoy..., necesita de
Comunidades contemplativas que griten..., desde su
silencio fecundo..., “en Quién..., y dónde..., está su
salvación”... Es nuestra misión desde el claustro...
Acércate a conocer una Comunidad contemplativa y
comprobarás que..., la escucha de la Palabra..., la
experiencia de plenitud de un amor puro..., la dicha de
adorar al uno y único Señor..., la austeridad vivida con
alegría..., el trabajo como servicio..., la
generosidad..., el darse sin esperar nada..., (como nos
ama Dios...), la interioridad y la oración que se vive en
nuestros conventos..., la fidelidad..., la paz..., la
armonía..., la gozosa vida fraterna..., son posibles en
este mundo..., y un buen camino para ser personas
auténticas...
Una cosa más... Soy monja Agustina..., y lo específico de
la Orden de San Agustín es la vida de Comunidad...,
Hoy..., desde mi experiencia..., te puedo decir que...,
para mí..., lo más grande..., ha sido descubrir la
Misteriosa Presencia de Dios en la Hermanas y en medio de
nosotras... Hasta el punto de que..., ya..., no sabría
vivir sin una Comunidad... Sería como media persona...,
como vivir a medio gas...
¿Sabes?..., me gustaría..., que..., después de haber leído
mi testimonio..., te acercases a la iglesia más
próxima..., y delante del Sagrario..., te preguntases qué
es lo que quiere Dios de tu vida...
Deja que El te susurre..., o te grite..., al corazón: “Y
tú..., ¿por qué no?”...
Que seas muy feliz...
Marta.
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