|
También Marta se estaba
muriendo...
Se estaba muriendo de pena..., y de dudas...
Muchas tinieblas se estaban apoderando de su alma... Era
algo parecido a lo que vivieron los discípulos después de
la muerte de Jesús: tristes..., acobardados...,
desesperanzados...
Jesús quiere primero curar a Marta..., y también a
María...
Su presencia las levanta de su postración... Marta "salió
a su encuentro"... María "se levantó..., y salió hasta
donde estaba él"...
Buscaban luz y consuelo...
Jesús, ante todo..., llora... La mejor manera de consolar
al que llora es llorar con él... Jesús asume toda la pena
humana... Sus lágrimas le hacen a él más humano y a las
lágrimas más divinas...
Después anuncia a Marta la gran promesa: "Tu hermano
resucitará"...
Proclama el mejor evangelio: "Yo soy la Resurrección y la
Vida... El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá"...
Es el evangelio que todavía nos ilumina y nos resucita...
Pero..., hay que creer en el evangelio...
"¿Crees
esto?”...
Marta resucitó..., porque creyó...
Resucitó antes que su hermano Lázaro: "Yo creo que tú eres
el Mesías"...
Marta confesó y creyó... Marta..., la creyente...
No sólo sabía servir..., "Marta..., Marta"..., también
sabía escuchar la Palabra...
Tal vez..., porque sabía servir la escuchó...
Y no sólo creyó..., sino que comunicó su fe y su esperanza
a su hermana...
Hay una Vida para nosotros..., un futuro para nuestra
Vida...
También puede ser nuestra actitud..., y nuestra
respuesta... Servir..., escuchar..., confiar... Creer y
confesar... Y..., después..., comunicar..., ser testigos
de nuestra fe en la resurrección...
En camino hacia la Pascua...
¡Feliz viaje!
|