|
Estamos
sedientos..., hay que reconocerlo...
Sedientos de comprensión..., cariño..., ternura...,
compañerismo..., amistad...
Tenemos verdadera sed de poder salir de la soledad a la
que nos empuja esta sociedad de la prisa..., la
desconfianza..., la competitividad...
Tenemos mucha sed de tener... Nuestro prestigio...,
nuestro valor como persona se mide por lo que tenemos...
“Tanto tienes..., tanto vales”... Y termina escapándosenos
la vida..., luchando por conseguir más tiempo para poder
trabajar más..., y así tener más...
Tenemos mucha sed de placer..., de placer inmediato..., y
efímero..., que no puede llenar nuestra vida... El mejor
perfume..., la mejor comida..., la belleza física..., el
mejor televisor..., la última moda..., el “amor” fácil...,
disfrutar...
Tenemos sed de prestigio...Ya sabes..., que nos
consideren..., que nos valoren..., que todos giren a
nuestro alrededor..., en casa..., en el trabajo..., que
nos reserven los primeros puestos…
Pero nada nos sacia... Nunca tenemos bastante..., ni nos
damos por satisfechos..., porque..., esa felicidad que
aspiramos encontrar “bebiendo” de tantas cosas que
prometen saciar nuestra sed..., no es suficiente...
¡Qué bueno es tener sed!..., porque..., el que lo sabe
todo..., no pregunta..., el que se cree un santo..., no
pide perdón..., el que se siente rico..., no pide nada...,
y el que no tiene sed..., no buscará las fuentes del
agua..., jamás descubrirá..., que el Agua Viva no brota de
la tierra... ¡Es bueno tener sed!...
Tal vez..., como a la samaritana..., hoy..., Jesús tenga
algo que decirnos...
Y es que..., lo que Jesús propone..., lo que Jesús quiere
para nosotros..., es que seamos felices... Y lo que nos
dice es esto: Si seguís mi camino..., si buscáis lo mismo
que yo..., vuestra vida será como un torrente de agua en
medio del desierto..., como una fuente viva que todo lo
llena..., que todo lo convierte en una maravilla de verdor
y fecundidad...
Todos sabemos lo difícil que resulta vivir el
Evangelio..., ¿verdad?... A veces..., dan ganas de
abandonarlo todo..., de sentarse al borde del camino...,
cuando la fuente que tenemos dentro de nosotros parece
secarse...
Pues..., entonces..., en tus desalientos..., en tus
dudas..., vuelve una y otra vez a Jesús..., el es La
Fuente Inagotable de Agua Viva... |