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El
Mensaje del Papa Juan Pablo II, en la jornada mundial del
emigrante y el refugiado del 2004, recordaba: ...”Cuando
las ‘diversidades' se encuentran, integrándose, dan vida a
una ‘convivencia de las diferencias'. Se redescubren los
valores comunes a toda cultura, capaces de unir y no de
separar; valores que hunden sus raíces en el idéntico
humus humano. Eso ayuda a entablar un diálogo fecundo para
construir un camino de tolerancia recíproca, realista y
respetuosa de las peculiaridades de cada uno. En estas
condiciones, el fenómeno de las migraciones contribuye a
cultivar el ‘sueño' de un futuro de paz para la humanidad
entera.” Pues bien, en la Eucaristía acogemos y celebramos
el don de la integración fraterna, al tiempo que nos
comprometemos a hacerla realidad en la vida cotidiana.
Todo esto adquiere un relieve especial cuando los
inmigrantes comparten la misma fe y se sientan en la mesa
de la fracción del pan. Ya no pueden ser vistos como
forasteros. Están en su casa, forman parte de la misma
familia, pues la sangre de Cristo, en expresión de los
Padres de la Iglesia, nos hace ‘consanguíneos'. Y como en
la Iglesia, la ley del amor y de la libertad regulan las
relaciones fraternas, conviene que se abran para ellos
espacios de auténtica participación activa y responsable
en nuestros Consejos Pastorales, en los procesos de la
iniciación cristiana, en las celebraciones litúrgicas y en
el mismo servicio de la caridad cristiana. Es preciso que
todos, nativos e inmigrantes, seamos corresponsables en el
desarrollo de la misión de la Iglesia al servicio del
mundo. En la Eucaristía, juntos anunciamos la muerte del
Señor, proclamamos su resurrección y anhelamos su venida
definitiva. Animados por el mismo Espíritu, trabajemos
juntos en la edificación de un mundo justo y fraterno de
acuerdo con el designio de Dios.
Con la certeza que la Eucaristía infunde en nosotros,
invitamos a todos los cristianos a ser agentes de una
verdadera integración fraterna en la sociedad compleja y
plural que nos ha tocado en suerte. La caridad de Cristo
nos apremia a vivir para los demás y a acoger a todos como
verdaderos hermanos. Y al agradeceros todo lo que estáis
haciendo para abrir caminos de integración fraterna,
invocamos la maternal intercesión de María, para que los
muros de la separación caigan y surja un mundo renovado en
el amor, la justicia y la libertad.
Los Obispos
de la Comisión Episcopal de Pastoral Social |