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¿Recuerdas?... En
el portal de Belén..., rin, rin..., entraron unos ratones..., y...
¡”Pobre” San José!... ¡Hasta en los villancicos…, le pasa de
todo!... El “bueno” de San José es siempre el peor parado... Ya
desde niños..., lo más que nos llegan a decir de él es que fue un
señor buenísimo..., requetebueno..., tanto..., que casi llegamos a
pensar si no sería..., más bien..., un pelín tonto...
Pues..., mira: cuentan que..., el “tonto” del pueblo..., (ya sabes
que en todos los pueblos nos gusta tener un “tonto”...) iba todos
los días a la iglesia..., se sentaba en el último banco..., estaba
allí un rato..., y siempre se marchaba sonriendo... Y así..., día
tras día...
Todos en el pueblo estaban muy intrigados... Hasta al señor cura
le comía la curiosidad... Así que un día no aguantó más y le
preguntó: ¿puedes decirme qué haces tú todas las tardes sentado en
la iglesia?... Y..., aquel hombre..., le contestó con calma: “No
hago nada... Sé que soy insignificante..., y que nada puede decir
a Dios un hombre tonto como yo.... Pero me siento allí delante de
Dios... Yo le miro..., y Él me mira... Y yo..., me dejo mirar por
Él”...
Pocos personajes de la vida de Jesús han sido tan maltratados y
disfrazados como José..., el hombre del SÍ..., como María...
Es verdad que el Padre era Dios..., pero el que llevaría en sus
brazos a Jesús..., el que le tallaría su primer juguete..., el que
le sostendría de la mano en sus primeros pasos..., y le daría la
primera regañina tras alguna trastada..., el padre que le daría
toda su vida ejemplo de ser un hombre de bien..., y le enseñaría a
distinguir lo bueno de lo malo..., la paja de la viga…, ese
padre..., fue José...
Nos lo presentan viejo para resaltar la virginidad de María...,
santurrón para que nos creamos que lo acató todo a la primera...,
y algo simple como para que pensemos que no le supo mal nada de
aquello..., porque..., como no se enteraba mucho…
Sin embargo..., es una figura en la que podemos fijarnos para
encontrar el ejemplo perfecto... San José no cerró los ojos y se
tiró a la piscina... Hizo preguntas..., sufrió..., y..., seguro
que tuvo que sentarse mucho a mirar a Dios..., y a dejarse mirar
por Él..., en busca de una respuesta...
Pasó a la historia como un hombre que supo encontrar su destino en
aceptar la voluntad de Dios..., en ocuparse de sus tareas con paz
en el corazón..., y un tesoro de miradas de Dios en su alma por
recompensa...
¿Habéis pensado cómo le miraría Jesús?
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