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Llegamos al
tercer domingo de Adviento..., el DOMINGO DE LA ALEGRÍA...,
porque..., superado ya el ecuador de este tiempo..., alborea la
próxima celebración del nacimiento del Señor...
Pero..., ¿en qué se nos nota?...
Una de las razones por la que los jóvenes no vienen a misa...,
entre otras..., es porque (dicen) que “se aburren”...
Ya sé que no se trata de hacer de la Eucaristía un festival...,
pero..., ¿es..., o no es..., una Fiesta?... Entonces..., ¿por qué
nuestras misas parecen velatorios?... ¿Por qué no se nos nota que
estamos alegres?
Habrá personas..., y grupos..., que difícilmente podrán alegrarse
de la venida de Jesús...
¿Cómo pueden alegrarse los que están subidos en la idolatría del
dinero..., o del poder..., o de la fama..., o los que aplastan y
explotan al hermano..., o los que causan las injusticias y la
violencia?...
O los soberbios que están llenos de sí mismos...,que no tienen
espacio para el cambio..., para Dios..., ni los agoreros que
disfrutan anunciando calamidades..., juicios y castigos..., o los
que enseñan la falsa imagen de un Dios justiciero...,
rencoroso..., y vengativo...
Seguirán con sus caras largas..., y su vacío..., tras la resaca
de las “fiestas”...
Pero..., y ¿tú?...
Serás feliz..., como dice Jesús en el evangelio de este
domingo..., si no te sientes defraudado por Él.... es decir..., si
encuentras en ti motivos de esperanza en su venida...
Te estremecerás de alegría..., si te sientes hambriento...,
enfermo..., cautivo..., agobiado..., ciego..., pecador... Para
ti..., si esperas la superación de tantos males..., la posibilidad
real de un mundo más libre..., más justo..., más humano..., más
fraterno..., si crees verdaderamente en el amor infinito de
Dios..., y en la gracia salvadora que Jesús nos trae... Para
ti..., la venida de Jesús..., será causa de alegría..., de dicha y
felicidad... Para ti..., y los tuyos...
Pues..., hermana/o..., ¡alegra esa cara!...
¡QUE SE NOTE QUE ESTAMOS ALEGRES!
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